El proyecto
Frank Lloyd Wright escribió que una casa no debía estar sobre la colina, sino ser de la colina.
La Casa C&D se apoya en el terreno con un volumen bajo y horizontal. El revestimiento oscuro, de tablas verticales, deja que la casa retroceda frente al paisaje; contra ese fondo, la madera natural del acceso y la columna clara de la chimenea marcan los dos puntos donde la casa se abre: la llegada y el fuego.
Desde el aire se entiende el resto. El camino de acceso no corta el terreno: se curva entre los árboles y se bifurca hacia la casa. La terraza dibuja un arco que termina en la piscina y mira hacia el jardín, como si el agua fuera el último recinto de la casa.
Adentro, los muros de listones verticales, claros en el comedor y el quincho, oscuros en el estar y el dormitorio, reciben la luz de manera distinta según la hora. Como pedía Tanizaki en El elogio de la sombra, la casa no se ilumina toda al mismo tiempo, sino recinto por recinto, según cómo se habita.
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Del exterior al interior: un recorrido continuo por la casa, tal como se vive.
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