El proyecto
Llegar también es arquitectura.
En la Posta de Corinto, el acceso se resuelve como un recorrido. La rampa salva el desnivel entre la calzada y la posta con una pendiente suave, contenida por un muro de contención y una baranda continua; la escalera ofrece el atajo. Junto a ella pasa una calzada vehicular de alto flujo, la ruta que conecta al sector con la comuna, y el recorrido peatonal se mantiene a resguardo del tránsito. Quien llega en silla de ruedas, con un coche de niño o con pasos lentos recorre el mismo espacio que todos.
Junto a la posta, una plaza en anillos ordena la espera: un círculo de madera al centro, jardineras concéntricas, árboles en flor y una pérgola. Henri Lefebvre distinguía el espacio concebido, el del plano, del espacio vivido, el de quienes lo usan todos los días. Un buen espacio público acorta la distancia entre ambos.
Una rampa puede ser una exigencia o puede ser un lugar. La diferencia está en el diseño: en el ancho que permite detenerse, en la sombra, en la vista, en el borde que también sirve de asiento. Para un servicio de salud rural, el acceso es la primera forma de cuidado.

Del croquis al proyecto
Jan Gehl insiste en que la ciudad se diseña a la velocidad del paso, unos cinco kilómetros por hora. Este croquis está dibujado a esa velocidad. La rampa sube el desnivel junto a la calzada, con una pendiente que no exige apuro, y antes de llegar a la posta hace un giro y un descanso. La escalera queda como lo que es: el atajo, para quien puede tomarlo.
Al otro lado, la plaza en anillos y la pérgola arman un lugar para esperar. El acceso de la ambulancia se resuelve aparte, sin cruzarse con quienes llegan caminando.
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