Habitar
Habitar no es ocupar
Del cuerpo al territorio: Giglia, Heidegger y Gravano sobre cómo un lugar se vuelve propio.
Natalia Matus de la Parra · Arquitecta
3 min de lectura

Una casa se hace en meses. Se habita por generaciones.
La antropóloga Angela Giglia define el habitar como un conjunto de prácticas y representaciones que permiten al sujeto colocarse dentro de un orden espacio-temporal: reconocer el orden que lo rodea y, al mismo tiempo, establecer el propio.
Del cuerpo al territorio
Para Giglia, ese orden se reconoce «a las diferentes escalas geográficas y humanas»: el cuerpo, el cuarto, la casa, el barrio, la ciudad y el territorio. En cada escala hacemos lo mismo: leemos lo que ya está ordenado y dejamos nuestra propia marca.
Nuestra lectura: una casa termina de construirse cuando alguien la ordena.
Domesticar un espacio
Giglia describe la domesticación como «el uso constante de un espacio hasta convertirlo en algo único para nosotros». El primer día, una casa es un espacio cualquiera. Con el tiempo aparecen los recorridos de todos los días, el lugar de la mesa, lo que se deja a la vista.
Para quien proyecta, eso significa dejar margen: recintos que admitan más de un uso, muros donde colgar, rincones que el uso vaya definiendo. El proyecto no debería decidirlo todo.
Construir, habitar, ser
«Sólo si somos capaces de habitar, sólo entonces podemos construir.»
Heidegger llegó a una conclusión parecida desde la lengua. En el alto alemán antiguo, buan, de donde viene bauen, construir, quería decir habitar; de la misma raíz viene bin: soy. Para él, estar en la tierra es habitar, y construir viene después. Lo dijo en 1951, ante arquitectos e ingenieros, en una Alemania con escasez de vivienda, y su respuesta fue incómoda: la verdadera penuria del habitar no es la falta de viviendas, sino que todavía tenemos que aprender a habitar.
Escuchar antes de suponer
El antropólogo Ariel Gravano agrega una advertencia para quienes proyectamos: la identidad de un barrio es una producción ideológica, que se construye y se disputa. Por eso propone escuchar al otro en vez de suponerlo.
- Suponer al otro es diseñar para un usuario promedio, con un programa de catálogo y el barrio visto desde el plano.
- Escucharlo es partir de relatos y memorias, de los usos reales, los horarios y los conflictos, y del barrio como una identidad en disputa.
Habitar no es ocupar. Por eso proyectamos desde cómo se vive, no solo desde lo que se construye.
Referencias
- Angela Giglia, El habitar y la cultura. Perspectivas teóricas y de investigación (Anthropos y UAM-Iztapalapa, 2012); reseñas de Claudia Zamorano (Sociológica, 2014) y Margarita Pérez Negrete (Alteridades).
- Martin Heidegger, «Construir, habitar, pensar», en Conferencias y artículos, trad. de Eustaquio Barjau (Serbal, 1994).
- Ariel Gravano, Antropología de lo urbano (UNICEN, 2013); reseña de Mario Sabugo, Anales del IAA 43(2) (2013).


